Manuel Usandizaga Calparsoro
Manuel Usandizaga Calparsoro

La cesárea consiste en la extracción del feto a través de una incisión en la pared abdominal. Hace cien años era una intervención muy poco frecuente. Una estimación aproximada sería que en 1920 terminarían mediante cesárea un 1% de los partos y esta cifra sería de un 2 ó 3% alrededor de 1950. En el crecimiento de la frecuencia con que se recurría a la cesárea influyó indudablemente la disminución muy llamativa de las complicaciones de esta intervención. Hasta la década de 1970 a 1980 el crecimiento continuó poco a poco, pero entonces se produjo una auténtica explosión en las tasas de cesárea y en la actualidad hay muchos países que superan la cifra del 25% de cesáreas.

 

Las razones para el aumento de cesáreas no se conocen exactamente y la aceptación social de estas tasas elevadas de cesárea parece ser mala, siendo relativamente frecuentes las críticas en los medios de comunicación. Sin embargo, al mismo tiempo que las cifras globales, es decir las cesáreas que se hacen en un país o en un hospital, son objeto de reproches, las cifras individuales se valoran de forma muy diferente. Frente a un resultado desfavorable del parto se plantea regularmente si una cesárea antes no hubiese sido preferible.

 

Es muy frecuente que se mencione a la Organización Mundial de la Salud que hace casi 30 años publicó que una tasa de cesáreas no debería superar el 15%. Lo que llama la atención es que pocas veces se dice que la misma institución unos cuantos años después, reconocía que “no hay datos empíricos en los que fundar un intervalo porcentual óptimo …y que …en última instancia, lo más importante es que todas las mujeres que necesiten una cesárea sean sometidas a ella.” La cita puede encontrarse en la página 28 de un extenso documento:

 

http://whqlibdoc.who.int/publications/2011/9789243547732_spa.pdf

 

La crítica al exceso de cesáreas convive actualmente con las peticiones de que se realice una cesárea en ausencia de indicación médica. Los motivos pueden ser muy diferentes, pero el argumento fundamental es la necesidad de respetar la autonomía de la mujer. Hay que subrayar que para que la autonomía del paciente tenga sentido, la información correcta es indispensable y en el terreno de la finalización de un embarazo sin complicaciones el parto vaginal tiene ventajas sobre la cesárea, sobre todo si se tiene en cuenta el riesgo para embarazos sucesivos. Aun así, cada vez se hacen más cesáreas electivas a demanda, a veces sin reconocer explícitamente lo que se está haciendo, sobre todo en el caso de cesáreas repetidas.

 

A la vista de que lo recomendable es el parto vaginal, lo que suscitó hace unos años una cierta perplejidad fue conocer los resultados de una encuesta realizada a ginecólogos ingleses y en la que alrededor de una de cada tres mujeres ginecólogo afirmaban preferir para sí mismas una cesárea, incluso en partos de bajo riesgo y sin indicación médica para esa operación. Determinada prensa tituló el comentario con algo parecido a: ¿Saben ellas algo que a nosotros se nos esconde?

 

 

 

 

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© Manuel Usandizaga Calparsoro