Manuel Usandizaga Calparsoro
Manuel Usandizaga Calparsoro

Durante el embarazo se realizan una serie de análisis de sangre y orina que pretenden conseguir un mejor resultado, es decir una madre y un hijo en perfecto estado de salud. Sin embargo hay que entender que aumentar el número de análisis que se hacen no quiere decir que aumente al mismo ritmo el beneficio que obtiene la gestante. En las primeras visitas durante el embarazo se solicitarán habitualmente una serie de análisis destacando el grupo sanguíneo y Rh, el test de Coombs indirecto, un hemograma, una glucemia, la serología de varias enfermedades infecciosas: rubeola, SIDA, sífilis y varicela y un cultivo de orina.

 

 La incompatibilidad Rh se presenta cuando la embarazada es Rh negativa y su marido Rh positivo. En esa situación puede ocurrir que el hijo sea Rh positivo y que sus hematíes pasen al torrente circulatorio materno. El sistema inmunológico de la madre reaccionará frente a esos hematíes que no reconoce como suyos, produciendo anticuerpos para destruirlos, pero esos anticuerpos cruzan la placenta, llegan al feto y destruyendo sus hematíes le producen una anemia muy grave. Por lo tanto ante una incompatibilidad Rh se administran anticuerpos (gammaglobulina) a la embarazada si sangra o se le hace una prueba invasiva, como una amniocentesis. Siempre se administra otra dosis al principio del tercer trimestre. Después del parto se comprueba el Rh del recién nacido y si es positivo se administra otra dosis de gammaglobulina a la madre. Si el Rh del recién nacido es negativo la madre no necesita gammaglobulinas. El test de Coombs indirecto mide los niveles de anticuerpos frente al factor Rh en la sangre de la embarazada.

 

Durante el embarazo la información más importante que se obtiene de un hemograma es la existencia o no de anemia. La anemia se caracteriza por una cifra baja de hemoglobina, que es la que traslada el oxígeno desde los pulmones a todo el cuerpo. El organismo de la embarazada sabe que va a sangrar el día del parto y traslada agua al torrente circulatorio. De esa forma el día del parto pierde sangre “aguada”, pero una consecuencia inevitable es que las cifras de hemoglobina de las embarazadas están habitualmente por debajo de las del resto de las personas. De todas formas es preferible dar hierro sólo a quién lo necesita estrictamente y no adoptar la postura de administrar siempre hierro a todas las embarazadas.

 

La glucemia o nivel de azúcar en sangre es importante porque el embarazo es una sobrecarga para muchas cosas, incluyendo el metabolismo del azúcar y a veces puede suceder que una diabetes más o menos larvada, más o menos subclínica, se ponga de manifiesto durante una gestación.

 

La solicitud de serologías durante el embarazo pretende conocer el riesgo que existe para el feto cuando la madre padece determinadas enfermedades infecciosas. La rubeola es una enfermedad vírica que si es padecida por la gestante puede tener la consecuencia de secuelas graves en su hijo. Lo habitual es que las mujeres hayan sido vacunadas alrededor de los 12 años de edad, pero se pide una serología para saber si la vacuna ha sido eficaz o no. La varicela es también peligrosa para el recién nacido, pero menos que la rubeola. Además la introducción de la vacuna es más reciente que en el caso de la rubeola y también parece ser menos eficaz, con la consecuencia de que no es raro ver casos de varicela. Es muy probable que sea exceso de celo, pero conocer la inmunidad de la embarazada frente al virus de la varicela puede evitar algunos sustos y algunas prisas.

 

La sífilis es actualmente una enfermedad poco habitual y tiene un tratamiento eficaz, mientras que el SIDA, siendo también poco frecuente tiene un tratamiento que termina por cronificar la enfermedad. La importancia de pedir la serología de la sífilis y del SIDA a las embarazadas se debe a las posibilidades que tenemos de evitar la llamada transmisión vertical de la enfermedad, el contagio del feto a través de la madre enferma.

 

El cultivo de orina tiene importancia porque las embarazadas pueden tener gérmenes en orina sin realmente padecer una infección, una situación llamada bacteriuria asintomática y que se ha relacionado con un aumento del riesgo de parto prematuro.

Al inicio del tercer trimestre suelen repetirse los análisis, pidiendo otro hemograma, la determinación de antígeno de hepatitis B, una prueba de sobrecarga con azúcar y otro urocultivo. La prueba de sobrecarga con azúcar es un procedimiento muy sensible para detectar pacientes con diabetes gestacional, con el inconveniente de que para que no se escape ningún enfermo, señala a algunos individuos sanos como enfermos. Por ese motivo, si sale alterada se repite con más azúcar y más horas, con lo que muchas veces se comprueba que no hay realmente ningún problema. En cualquier caso hay que tener en cuenta, que una diabetes juvenil y una diabetes gestacional son cosas muy distintas y que representan riesgos muy diferentes durante el embarazo. A las mujeres con Rh negativo se les solicita otra vez un test de Coombs antes de administrarles gammaglobulina.

 

Al final del embarazo se intenta comprobar si la gestante está colonizada por el estreptococo del grupo B de Lancefield, una bacteria inofensiva para los adultos, pero que puede crearle muchos problemas al recién nacido. Se hacen cultivos de vagina / recto y si son positivos el día del parto se administran antibióticos. En esta época o inmediatamente antes del parto, se hacen unas pruebas de coagulación, para aumentar la seguridad de la anestesia epidural.

 

Quizás alguien haya echado de menos en esta larga relación de pruebas que se hacen las embarazadas a dos enfermedades: la toxoplasmosis o el síndrome de Down. Cada uno de estos temas necesita de un capítulo aparte.

 

 

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© Manuel Usandizaga Calparsoro